El usufructo en la herencia

 

El derecho de usufructo recogido entre los artículos 467 y 522 del Código Civil, como concepto general, es un derecho real de goce mediante el cual una persona, denominada usufructuario, puede  disfrutar de los bienes ajenos con la obligación de conservarlos y cuidarlos como si fueran propios. Sin embargo, el titular del derecho de usufructo podrá apropiarse de los rendimientos que el bien ajeno pueda producir, como las rentas si el usufructo se adquiere sobre un bien arrendado o los frutos si se trata de una explotación agrícola.

De esta forma, mientras que  la persona titular del usufructo es mero tenedor de la cosa pero no su dueño ni poseedor, el propietario tendrá la “nuda propiedad” y no podrá utilizar el bien porque su uso queda reservado al usufructuario.

Con frecuencia, debido a un testamento o a una disposición legal, el derecho de usufructo sobre parte del caudal hereditario se establece sobre los herederos. Normalmente, si en el testamento no se recoge lo contrario, el derecho de usufructo va íntimamente ligado a los derechos y obligaciones legales de los herederos legitimarios. Como por ejemplo el derecho del cónyuge viudo a gozar del tercio de mejora cuando concurre  en la herencia con los hijos o descendientes.

  En lo relativo a las obligaciones del usufructuario, los art. 491 a 496 del Código Civil están dedicados a disciplinar el régimen propio de las obligaciones de inventario y fianza que el usufructuario ha de cumplir antes de entrar en posesión de los bienes. El motivo de estas obligaciones radica en “identificar” el estado físico de la cosa objeto de usufructo y en garantizar la correcta devolución al nudo propietario de tal cosa, una vez que haya transcurrido el tiempo de vigencia del usufructo.

Si no se cumplen estos dos requisitos, se puede privar al titular del derecho de usufructo de la posesión de los bienes, aunque no de sus frutos o rendimientos. Sin embargo, cabe señalar que en los casos de constitución a través de testamento, ha sido y es frecuente dispensar al usufructuario de las obligaciones de inventario y fianza.

Respecto de los bienes objeto del usufructo, el usufructuario tiene la obligación de:

–          Cuidarlos y darles un uso normal. De conformidad con lo establecido por el art. 497 «El usufructuario deberá cuidar las cosas dadas en usufructo como un buen padre de familia».

–          Abonar los gastos de conservación, mantenimiento o reparaciones ordinarias que necesiten. Establece, a tal efecto, el art. 500 que «El usufructuario está obligado a hacer las reparaciones ordinarias que necesiten las cosas dadas en usufructo. Se consideran ordinarias las que exijan los deterioros o desperfectos que procedan del uso natural de las cosas y sean indispensables para su conservación».

–          Avisar al propietario de la necesidad de reparaciones extraordinarias así como de cualquier perturbación en el bien.

–          Abonar las cargas e impuestos que graven el uso de la cosa. Señala el art. 504 «El pago de las cargas y contribuciones anuales y el de las que se consideran gravámenes de los frutos, será de cuenta del usufructuario todo el tiempo que el usufructo dure». En este sentido, salvo pacto en contrario, correrán a cargo del usufructuario, además de los gastos por suministros (luz, agua, gas, etc.), los gastos ordinarios  como el Impuesto de Bienes Inmuebles, la tasa de recogida de basuras o las cuotas ordinarias de comunidad.

En cuanto a las obligaciones del nudo propietario, dado que este carece del goce y disfrute de los bienes del usufructo, es normal que el número de las obligaciones que sobre él pesan sea notoriamente menor. En todo caso el nudo propietario debe asumir, al menos, dos obligaciones:

–          El abono del coste de las reparaciones extraordinarias. El primer apartado del artículo 501 lo establece con claridad: «Las reparaciones extraordinarias serán de cuenta del propietario». Esto es, las que no surgen a causa de un desgaste o deterioro por el uso normal del bien objeto del usufructo, como puede ser la sustitución de tuberías oxidadas por su antigüedad o las derramas de la comunidad.

–          El pago de los tributos e impuestos que le competan. En este sentido señala  el art. 505 que «Las contribuciones que durante el usufructo se impongan directamente sobre el capital, serán de cargo del propietario».

En lo relativo a la forma de constituir el usufructo, deben distinguirse dos tipos: mediante la voluntad de las partes reflejada en un contrato o en un testamento, o por medio de una disposición legal, como por ejemplo la legítima.

                Tratándose de un usufructo voluntario la limitación temporal será la fijada en el contrato o en testamento, por lo que puede ser de una duración determinada o determinable (mientras viva el beneficiario). Este tipo de usufructo puede ser simultáneo, donde varias personas disfrutan del mismo bien al mismo tiempo, o sucesivo, donde primero disfruta del bien una persona y después otra, con un límite máximo de 30 años.

                Para los usufructos legales donde no se limita la duración, la duración del usufructo será la del tiempo de vida de la persona beneficiada por este derecho.

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